14 de marzo de 2012

Memoria Histórica

Los domingos por la mañana iba a pie a un pequeño claro en el denso bosque que había al lado de la cabaña. La iglesia estaba demasiado lejos, así que tenía que crear mi propia comunión con Dios y su creación. El claro se encontraba al lado de una pared rocosa de donde brotaba un hilo de agua, como si fuese una fuente, que erosionando la piedra del suelo había trazado su propio camino hacia los árboles.
Cuando llegaba allí me quitaba la ropa y la dejaba sobre una roca. Me arrodillaba al final del río de piedra, y meditaba. Hablaba con Él con mis propias palabras, sin intermediarios. Al terminar, bebía de su agua y comía de su tierra, y luego dormía para dejar de sentir el barro en el estómago.
La Palabra Divina nunca me sentó bien.


Don't forget to pray

1 comentario:

  1. Interesante, ingenioso y simple. ¿Para qué más? Meditar es la clave de todo.

    Hasta buen ver!

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