We’ve learned to hide our bottles in the well
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9 de junio de 2013
Vino distinto
Volví a verle después de algún tiempo, y algo en él había cambiado. Ahora tenía dentro un silencio como una herida: largo y profundo. Supuse que el origen del cambio estaba en el abandono que había detrás de cada puerta cuando todos dejamos el piso para coger nuestros aviones. Y el vino que había en su despensa... Era vino distinto.
7 de febrero de 2013
Antagonista
Tú, con tus medidas exactas y tus exactos tiempos, no siempre das la talla. Y es por eso que no te gusta ser llamado poeta. Porque aunque la enfermedad sea contagiosa los versos nunca han estado de tu parte.
Me escribiste tu nombre en la frente
Plantado por
Edgar López
a
12:48
22 de diciembre de 2012
El cabello más oscuro
El mundo no terminó, es más, se hizo más fuerte con la llegada del invierno. Todas las cosas se parecían más al hielo: eran más sólidas, pero también más resbaladizas. Igual que los últimos días del año iban resbalando lentamente desde el calendario y quedaban derretidos en el suelo, tú vas haciéndote más pequeño y colándote entre mis dedos. Con las manos mojadas no se puede escribir.
Running even faster through the snow
Plantado por
Edgar López
a
15:38
20 de mayo de 2012
Pequeñas cuchillas líquidas
Te adentras en la lluvia y le reprochas a gritos la infinidad de su ciclo. En la noche de los museos, el de los horrores es el más visitado. Están expuestas todas y cada una de las cuchillas que mojaban tu pelo.
You've been holding on a long time
15 de febrero de 2012
The cold and the bare
Críptico. Así ha sido siempre. Lleno de simbolismos preciosos. Quizá demasiado barroco. Con espadas colgadas en la pared, árboles en las ventanas y coronas colgando en el aire. Pero Clump se lo llevó todo, y ahora las paredes blancas hacen juego con mi piel descolorida. Sigo imaginándolo apoyando su cabeza en mi vientre. Sigo imaginándonos bailando en la sala. Pero estoy bailando solo.
Sería tan cómodo que volviera... Que trajese de vuelta las nueve cajas con nuestra historia dentro. Volver a empapelar las paredes con las hojas verdes y no tener que volver a ver nunca el blanco. Que me trajera una toalla y ropa. Pero no, no volverá. Estoy desnudo y mojado en el suelo del salón, temblando al pensar en el momento de salir fuera. De salir a comprar ropa, muebles, toallas y quizá pintura y algo de comer. Me asusta el mundo real, es tan terrible...
12 de septiembre de 2011
Trémula turbación de todo cuanto toco
Alimento mi cultura con poesía
mientras la destruyo con el vicio
carnal.
carnal.
El olor corporal que me derrite
el cerebro
el cerebro
y llena Nueva York de restos
líquidos.
líquidos.
Finalmente cedo al deseo
de la espalda
de la espalda
entintada
bajo el vapor de agua.
bajo el vapor de agua.
En un espejo empañado encuentro el reflejo
de una mente empañada
por el sudor imaginario.
por el sudor imaginario.
8 de marzo de 2011
Respuestas
Ya hace años que se marchó
y todo sigue igual
en su habitación
Odio a la gente que espera respuestas. Sí, te he odio. Ya sé que te vas, pero no quiero despedirme.
No, no todo sigue igual en mi habitación. Los recuerdos nada más llenan el vacío. El vacío de las cajas que ahora se amontonan en el baño.
Plantado por
Edgar López
a
19:25
4 de octubre de 2010
Si desaparezco
Habríamos sido los primeros en tirarnos de la Torre Eiffel.
Hoy no nos dejarían ni subir.
Ver mapa más grande
Hoy no nos dejarían ni subir.
Ver mapa más grande
Si desaparezco no mires en los pozos, te mancharás de lodo ese vestido tan bonito.
Plantado por
Edgar López
a
0:24
14 de mayo de 2010
Hipotermia
Cuando llueve, las gotas de agua que saltan desde las nubes, se acumulan sobre los caminos de tierra, formando charcos. Las ondas van perdiendo su fuerza, desde el punto exacto donde ha caído la gota, hasta que se pierden, en un intento de llegar al final del charco. La arena, sufre el peso del agua, pero lo soporta con un estoico esfuerzo; intenta absorber toda el agua que puede, pero hay tanta...
El chico, sentado en un banco bajo la lluvia, observa cada piedra que se ve claramente a través de ese agua transparente. Ve un pequeño palo, lo coge, y traza una línea en la tierra. Instantáneamente, ésta se mezcla con el agua de encima, provocando una dispersión de la arena en el agua, haciendo que se vuelva turbia y opaca. El chico se siente identificado con el agua. Algo que intenta ser absorbido, pero aún así, se resiste y acaba por vencer. Algo aparentemente tranquilo, pero que puede llegar a enturbiarse en un instante, solo con trazar una simple línea recta. Solo que aquel chico se sentía como si alguien hubiese apuñalado la arena con insistencia, como si su agua se hubiera enturbiado tanto que ya no le permitía ver la luz mas que por los contornos de las sinuosas y abstractas formas que producía aquella, que parecía bailar dentro del agua.
La lluvia ya había parado entonces, pero la temperatura seguía siendo baja. El chico ya no sentía esas pequeñas puñaladas heladas clavándose en su espalda, pero seguía tiritando de frío. Intentaba calentar sus brazos y sus manos con su aliento. Un intento fallido, porque el aire que salía de su boca era más frío si cabe, que el de la calle.
Uñas moradas...
Hipotermia...
Tenía la certeza de que alguien le observaba. Puede que supiera que yo estaba allí, pero no me vio. Era alguien mayor, alguien que no se preocupó por su presencia allí, donde no debería estar, ni le ofreció calor al verle tiritar. Había alguien más. Una voz que le llamaba, ambos la escuchamos. Era una voz de niño, pero profunda, con un tono que no expresaba preocupación, solo dejaba ver las ganas que tenía de reírse de él. El chico se giró, pero no vio a nadie, así que decidió no hacer caso de aquella voz, con la esperanza de que se fuera, cuanto antes, y lo dejase solo, como le gustaba tanto estar.
Vi que nadie se había fijado suficiente en él y supe que nadie iría a ayudarlo, a sacarle de esa espiral de tristeza, de soledad, a ese círculo vicioso del que nunca saldría sin ayuda. A medida que avanzaba, mis pies se hundían más en los charcos dejándome las bambas perdidas de barro, pero no importaba. Llegué, él me escuchó y giró la cabeza.
Hacía frío, sí, pero me quedé helado. Más aún de lo que ya estaba.
Aquel chico... era yo.
El chico, sentado en un banco bajo la lluvia, observa cada piedra que se ve claramente a través de ese agua transparente. Ve un pequeño palo, lo coge, y traza una línea en la tierra. Instantáneamente, ésta se mezcla con el agua de encima, provocando una dispersión de la arena en el agua, haciendo que se vuelva turbia y opaca. El chico se siente identificado con el agua. Algo que intenta ser absorbido, pero aún así, se resiste y acaba por vencer. Algo aparentemente tranquilo, pero que puede llegar a enturbiarse en un instante, solo con trazar una simple línea recta. Solo que aquel chico se sentía como si alguien hubiese apuñalado la arena con insistencia, como si su agua se hubiera enturbiado tanto que ya no le permitía ver la luz mas que por los contornos de las sinuosas y abstractas formas que producía aquella, que parecía bailar dentro del agua.
La lluvia ya había parado entonces, pero la temperatura seguía siendo baja. El chico ya no sentía esas pequeñas puñaladas heladas clavándose en su espalda, pero seguía tiritando de frío. Intentaba calentar sus brazos y sus manos con su aliento. Un intento fallido, porque el aire que salía de su boca era más frío si cabe, que el de la calle.
Uñas moradas...
Hipotermia...
Tenía la certeza de que alguien le observaba. Puede que supiera que yo estaba allí, pero no me vio. Era alguien mayor, alguien que no se preocupó por su presencia allí, donde no debería estar, ni le ofreció calor al verle tiritar. Había alguien más. Una voz que le llamaba, ambos la escuchamos. Era una voz de niño, pero profunda, con un tono que no expresaba preocupación, solo dejaba ver las ganas que tenía de reírse de él. El chico se giró, pero no vio a nadie, así que decidió no hacer caso de aquella voz, con la esperanza de que se fuera, cuanto antes, y lo dejase solo, como le gustaba tanto estar.
Vi que nadie se había fijado suficiente en él y supe que nadie iría a ayudarlo, a sacarle de esa espiral de tristeza, de soledad, a ese círculo vicioso del que nunca saldría sin ayuda. A medida que avanzaba, mis pies se hundían más en los charcos dejándome las bambas perdidas de barro, pero no importaba. Llegué, él me escuchó y giró la cabeza.
Hacía frío, sí, pero me quedé helado. Más aún de lo que ya estaba.
Aquel chico... era yo.
Plantado por
Edgar López
a
15:36
27 de abril de 2010
Un día que me olvides
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"Un día te vas a olvidar de mí. Un día. No hoy, no mañana, ni siquiera el año o el mes que viene. Pero un día me vas a ver y vas a pensar “¿A esta mujer era a la que yo amaba tanto?”... y no vas a poder creerlo. Y a lo mejor hasta vas a comentar con la persona que tengas a tu lado: “Mira, esa mujer era a la que yo amaba tanto”. Y la persona que tengas a tu lado no se lo va a poder creer. Tal vez te dirá, después de mirarme de arriba abajo con ojos acuciosos e incrédulos: “¿A esa?”. Y sonreirá sintiéndose un poquito superior, porque ella es tu presente y yo solamente, “esa”, tu pasado. Un día se te va a olvidar mi olor. Mi olor en la mañana, al levantarme, el olor que se concentra en mi nuca y que hoy te gusta tanto. Hoy, que no estás conmigo pero sé que todavía tienes el olor de mi nuca pegado a tu espalda. Y se te va a olvidar que te gustaba tanto bañarte conmigo y salpicar el baño con una mezcla extraña de agua caliente, sudor, champú y sexo. Y te descubrirás a ti mismo bañándote sin recordarme ni un poquito. Y ¿sabes qué?... No te vas a dar cuenta de que me olvidaste.
Te vas a dar cuenta de que me olvidaste solo cuando me veas y te des cuenta de que me olvidaste, tanto, tanto, tanto me olvidaste que ni siquiera te provoca odiarme. Que ni siquiera te provoca pensarme cuando llueve y es tarde y no hay nada en la televisión. Que te masturbas y piensas en la escena de la película aquella que a lo mejor vimos juntos pero tú no te acuerdas de que la viste conmigo, sólo te acuerdas de la escena. Y yo no estoy, ni siquiera en tu mano.
Un día te vas a olvidar de mí. Ese día va a llegar, y lo peor o lo mejor del caso, es que como yo también voy a olvidarte, ni siquiera va a importarme que me olvidaste."
Te vas a dar cuenta de que me olvidaste solo cuando me veas y te des cuenta de que me olvidaste, tanto, tanto, tanto me olvidaste que ni siquiera te provoca odiarme. Que ni siquiera te provoca pensarme cuando llueve y es tarde y no hay nada en la televisión. Que te masturbas y piensas en la escena de la película aquella que a lo mejor vimos juntos pero tú no te acuerdas de que la viste conmigo, sólo te acuerdas de la escena. Y yo no estoy, ni siquiera en tu mano.
Un día te vas a olvidar de mí. Ese día va a llegar, y lo peor o lo mejor del caso, es que como yo también voy a olvidarte, ni siquiera va a importarme que me olvidaste."
Un día que me olvides, Indira Páez
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