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12 de mayo de 2010

Triste existencia.

Sí, es siempre así, sobre todo de noche. Y yo no pienso nada, ni siento nada, como de costumbre. Tengo suerte. ¿Tengo suerte? ¿Es suerte no sentir? Vivimos para sentir, luego si no siento, ¿no vivo? Entonces estoy muerto. Pero los muertos no hablan, no escriben, no piensan. Yo pienso. ¿Yo pienso? Yo no pensaba que pensase. Realmente pienso. Pero... ¿no siento porque pienso? ¿Y si dejase de pensar? ¿Sentiría? Y si empiezo a sentir, empiezo a vivir, entonces volvería a nacer. Si es que he nacido alguna vez. Hasta aquí bien, me sigo. Luego pienso, otra vez, en Descartes. Pienso, luego existo. Y, si dejo de pensar y vuelvo a nacer, dejaría de existir, entonces Vivir y Existir son conceptos incompatibles. Ahora existo, porque no siento, pero, ¿existe alguien más?

Todo empieza a tener sentido.

6 de mayo de 2010

Parálisis

Cuando se para un tren, se para el mundo. Si un tren se queda en la vía durante diez minutos sin razón aparente, la gente llegará diez minutos tarde a su destino, con lo cual, la gente que le espera, tendrá que esperar también. Si el tren es usado por mucha gente y tenemos en cuenta la teoría de los seis grados de separación, ese retraso de diez minutos puede dar la vuelta al mundo.

Pero no, en realidad el mundo no se para. Por suerte, a los aviones no les importan los retrasos de los trenes. Dudo siquiera que sepan cuando se producen, porque claro, todos sabemos que los aviones están por encima de los trenes.




Hoy, el mundo se ha parado, y los aviones ni se han inmutado.

5 de mayo de 2010

Piel

En realidad, a nadie le importa quien seas tú. A nadie le importa cómo seas. A la gente le importa tu piel. Todo se reduce a eso, a la piel, tu cara externa. Todo lo que muestras y dejas ver.

Soy un ser triste, pero a nadie le importa. A nadie menos a ti. A nadie le importa porque mi piel es feliz, pero mi piel no lo es todo.

Todo está lleno de pieles, y lo malo, es que si te la quitas, el sol te quema la carne. Quisiera despellejarme entero, quisiera ser completamente yo, pero temo morir.

Y aquí estoy, con mi única piel de abrigo, muriéndome de frío.

2 de mayo de 2010

Tú.

Anoche te vi, entre la muchedumbre. Te vi mientras sonaba una canción.




Solo fue un instante, luego supe que no eras tú. No entiendo por qué te vi tanto. Tantas veces. Eras tan diferente en todas... La primera llevabas una camisa con cuadros azules, y el pelo largo, por los hombros, como sueles llevarlo. Luego me di cuenta de que era una chica. Después vi tu andar en otra persona y volvió a encenderse mi corazón.  Pero no, se giró y no era tu cara la suya. Más tarde te vi, pero estuve seguro de que no eras tú momentos después, porque eras dos personas diferentes a la vez.
Pero lo más curioso de todo es que nunca te he visto.
La canción sonaba: "Qué no daría por ver todo lo que no puedo ver".

Puede que seas solo una meta más a la que no he llegado. Pero quizá cuando llegue (si algún día lo consigo) una vez me haya sentido realizado, se me pase.
También puede que seas La Meta. Mi meta. Ya no sé, ha pasado tanto tiempo... Y el olvido sigue aquí, esperando a que decidas irte con él.

31 de marzo de 2010

Alberto

Son las dos de la mañana, y hoy ha sido un día muy especial para mí. Entre lágrimas escribo cuatro frases que a penas lee nadie, y estoy convencido de que tampoco tú las vas a leer. Pero la verdad es que me da igual.

Solo quiero dedicarte una entrada en mi blog, que es lo mínimo que puedo hacer, aunque te mereces mucho más, pero yo ya no sé si podré dartelo.

Me acuerdo de la primera vez que hablamos. Un "Hola" fue suficiente hace quizá más de tres años para empezar algo que dura hasta hoy. Aquellas conversaciones nuestras, pasarnos hasta las cinco de la mañana en el ordenador... Las llamadas, las discusiones, las canciones que me pasabas y que aun sigo escuchando.

Joder, que alegría más grande me diste cuando me dijiste que venías! A pesar de que no hablabamos mucho desde hacía meses. Que suerte tienen las personas que te rodean, y que te ven cada día, cada semana, o al menos cada mes. Han tenido que pasar dos años desde la última vez...

Gracias por haber aparecido, Alberto. Siempre habeis sido muy importantes para mí, los tres, y cuando el tiempo pasa y las cosas cambian, miras atrás y... bueno, si eres como yo te desmoronas.

Ahora ya solo me queda desear con todas mis fuerzas que no tengan que pasar otros dos años para volver a verte.

Te quiero mucho.


28 de febrero de 2010

Circuitos.

Es como la vida: alguien dibuja un circuito para ti, y tu lo sigues sin discutir, pero hay veces en las que se te cruza una mirada, y el camino deja de tener importancia; ahora todo depende de esa mirada. 


Blanca Pàmpols. 


12 de noviembre de 2009

La vida es como una televisión.

Llega un día en que te fabrican. Y a partir de ahí empiezan los canales educativos, que con los años dejan pasar a los partidos de fútbol, o a las películas de policías, o las películas porno a altas horas de la noche.
Por la noche la tele se deja en Stanby, que viene siendo como si estuviese dormida: sin hacer nada, pero gastando energía. Si recibe un estímulo (pulsamos un botón del mando), se enciende, igual que nosotros cuando dormimos.
Pero llega un día en que la señal ya no es tan clara como antes. O te olvidas de algunas cadenas que ya no se pueden ver. Ha llegado el momento de que te sustituyan. Entonces, te desenchufan: no haces nada, pero tampoco consumes energía y además, por muchos estímulos que recibas, no podrás mandar ninguna respuesta.

La muerte.